El fútbol como hilo conductor.

Una fe bárbara

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La pelota viene cayendo. Planeando sería más preciso. Nunca me pasó eso de imaginar la jugada y que suceda algo parecido. ¿Viste cómo cuenta Diego que se acuerda de lo que le dijo el hermano antes de definir contra los ingleses? Eso no es para los terrenales como nosotros. Pero esta vez, te soy sincero, me tenía una fe bárbara.

Aunque ellos juegan muy bien, son medio sucios. Y no sé por qué, pero contra los que meten la pata de más las cosas me salen bien. Y en este caso está también lo otro, que siempre les hago un gol. Los tengo alquilados.

Entonces te contaba que la pelota me viene así, como flotando, hermosa. Y pienso una sola cosa: más vale que sea gol.

Salí corriendo levantando la mano —para no avivar al resto con un grito— y se me vino a la cabeza el paso a paso de lo que tiene que suceder para que la bola me llegue así.

Y cuando la tenés así como viene, también aparece el cagazo, ¿eh? Porque esto tiene que terminar en gol. Así lo imaginé y se está dando. Los demás hicieron lo suyo. Ahora es mía.

Sabía que Nacho me iba a ver, porque siempre me está buscando. En los laterales y córners sabe que corro al espacio vacío, sobre todo cuando arranco desde atrás. Ya hicimos un par de goles así.

Levanté la mano y arranqué. Me vio de reojo.

No podía tirarlo tan lejos, tenía que pasar por el círculo central primero. Y lo mandó, con la parábola perfecta y la fuerza justa. Un crack.

Y ahí te pregunto: dos tipos que no entrenan pero juegan hace rato, ¿Pueden imaginar la misma jugada? Porque hizo exactamente lo que yo había visto en mi cabeza.

Ahora le tocaba a Mario. Jugando de 9 empezó un retroceso tranquilo y después aceleró hacia la pelota que iba a caer en el círculo central. Nunca frenó, y por eso ganó la posición. Saltó con su marca y metió un pase de cabeza al vacío, a su espalda.

Hasta el día de hoy no tengo puta idea si ya me había visto correr desde atrás o si fue pura intuición. Tal vez hizo lo único posible sin saber si alguien acompañaba. Pero yo creo que me vio porque fue un pase de cabeza. No un rebote y arreglate, no fue una peinada al pie: fue un pase.

Ni siquiera tuve que frenar para corregir la carrera. La pelota siguió el plan.

La pelota viene bajando y ya sabía en qué punto iba a quedar para la volea. Pispié al arquero: ya estaba en pánico.

Es arquero volador, de reflejos y nada más. Alto, pero no te corta un centro. Con la pelota en los pies, lo presionás y se manda una cagada. Lo conozco: jugamos dos torneos juntos.

El último defensor quedó pagando y él sabe que tiene que salir. Por fin se decide y corre hacia mí para achicar. Pero sé que no llega.

Le tengo que pegar de primera. No hace falta que sea fuerte, un toque para direccionarla al costado, sin que pique.

Faltaba mi parte...

Pfffsss... se infla la red.

Un golazo.

Me doy vuelta con una mueca torcida. No hubo sorpresas.

Siempre los vacuno.


Por , .

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