El fútbol como hilo conductor.

Todo tiene un límite

Chuche se colgó la mochila al hombro izquierdo, a pesar de no ser zurdo, y saludó con su clásico “adios, muchachos!”, con respuesta generalizada de todos. Nico se acerca a Turu, que se encuentra sentado solo, apoyada la espalda en la pared, cara colorada por la reciente actividad física y remera empapada por sudor pero sobre todo por el agua que aún bajaba por su cabello, producto de meter la cabeza debajo del chorro de una de las cinco canillas del baño de varones.

Nico se comienza a sentar al lado de Turu, dispuestos ambos a ver el siguiente partido del campeonato que había empezado hacía 2 minutos. Antes de que Nico pudiese decir cualquier cosa, Turu escupe palabras en un tono lúgubre.

– Casi lo cago a trompadas a Chuche.

– ¿Por? – respondió Nico mientras aún deslizaba la espalda por la pared hasta apoyar el culo sobre la baldosa fría.

– ¿No lo viste?

– Vi el partido entero. Me pareció que jugó como lo hace siempre. – La vista de ambos seguía la pelota que acababa de pasarles a un metro, mientras venían a cobrarse el lateral.

– Si, fiel a su estilo.

– ¿Y es un problema cómo juega?

– No, no me molesta cómo juega. – Turu se escurre la punta de la nariz, con agua que parece brotar de su cabeza.

– A veces intenta una de más. Pero hay que reconocerle que tiene esa habilidad extraña, en la que se embrolla solo y sale limpio... ni él sabe cómo lo hace.

– No me molesta cómo juega. – Turu gira su cabeza para ver a Nico a los ojos mientras responde, para dar énfasis a su postulado.

– ¿Entonces qué te jodió?

– ¿Pero lo viste a él? ¿Lo viste?

– Bueno, no sabía que tenía que hacerle un seguimiento especial. – molesto, Nico continúa su explicación – Me pareció que hizo lo que hace siempre, pero nada grave. El partido lo vi, no tuvo incidencia en nada negativo.

– No, no la tuvo.

– Te voy a cagar a trompadas yo a vos. ¡Decime qué carajo hizo tan grave! – Enfurecido, su mirada seguía atentamente la pisada y caño que ocurría delante de ellos, pegadito al lateral. Ambos dejaron la conversación para aullar un “uuuhhh!!!” con aplausos incluidos.

– Vos decís que viste el partido entero, ¿no?

– Sí.

– ¿Viste el primer tiempo entonces?

– La puta madre, sí, el primer tiempo es parte de todo el partido.

– Decime entonces qué hizo Chuche durante el primer tiempo. – Nico piensa durante no menos de 10 segundos, mirada fija en la pelota que el arquero revolea al grito de “¡Muévanse, la puta madre!”.

– ¿Jugó el primer tiempo?

– Ahí está, ¿ves? – Turu nuevamente se gira hacia su interlocutor, para confirmar un punto a su favor – Ahora te das cuenta que no lo viste durante todo el primer tiempo.

– ¿No lo jugó? Pero a la mañana estaba en clase, vino ¿no?

– Sí, estuvo en el aula con nosotros, y como siempre nos toca el primer horario del fútbol nos fuimos a comer todos juntos y volvimos. Pero el primer tiempo no lo jugó. – Turu se acomoda la media derecha, ligeramente caída.

– Ok, a ver si entiendo... Chuche por alguna razón no jugó el primer tiempo, entonces les regaló la mitad del partido sin cambios a ustedes, ¿y te quejás? – Nico enrollaba un par de vendas, que minuciosamente colocará alrededor de sus tobillos.

– Eso que decis es cualquiera... sí, jugamos más tiempo, pero también nos cansamos más. Obvio que nadie quiere salir, pero es un campeonato, quiero ganar y tener un cambio menos es una desventaja al pedo si tenés un compañero afuera.

– No me vengas con que quieren ganar el campeonato, si a ustedes los escuché decir más de una vez que no juegan para salir campeones, que les importa la amistad, un rato de deporte competitivo, y toda esa gilada. – Nico terminó de vendar su tobillo derecho, y pasó al izquierdo – Si ustedes juegan para divertirse, un cambio menos es más tiempo de diversión para el que está adentro, no me jodas.

– Sí, decimos eso y lo sostenemos. Pero ojo que me divierto ganando, no perdiendo. Quiero ganar todos los partidos posibles. No tenemos equipo ni disciplina para salir campeones, eso está claro para nosotros, y la condición que nos pusimos es que no nos vamos a pelear por perder un partido de fútbol. Pero te aseguro que todos queremos ganar la mayor cantidad de partidos posibles.

– Bueno, tenés razón y creo todo lo que dijiste... ¿entonces qué mierda hizo Chuche para que lo quieras cagar a trompadas? ¿No jugar el primer tiempo y dar ventaja deportiva? – Nico proseguía con la colocación de sus botines, mientras que Turu ensayaba una elongación de su gemelo derecho a desgano.

– No, aunque eso me enoja, no es tan grave.

– ¿Entonces?

– Cuando llegó para el segundo tiempo ¿cómo lo viste? – Turu ya se ponía de pie

– Como siempre.

– Sí, parado al costado pidiendo el cambio (porque no arrancó en cancha el segundo tiempo) – Turu imita el gesto de Chuche con las manos sobre su cabeza, y sus dedos índices enfrentados en un giro continuo, como si uno quisiera alcanzar al otro sin lograrlo – con la camiseta, pantalones largos y botines.

– Como siempre – Nico respondía sin entender la repentina y exaltada gesticulación de su interlocutor.

– Me molestó cómo estaba vestido.

– Pero Chuche está siempre vestido así. Que a mí o a vos nos moleste jugar con pantalones largos no quita que otro pueda hacerlo y muy bien, miralo a Magic, él se viste prácticamente igual a Chuche, y no me vas a decir que no te gusta como juega.

– Está en otro nivel, pero no me molestan los pantalones largos.

– ¿Qué mierda te jode de la ropa de Chuche? – ahora es Nico quien ya incorporado gesticula con las puntas de los dedos apiñados apuntando hacia arriba, subiendo y bajando la muñeca.

– ¿Le viste la camiseta?

– Sí

– ¿Notaste algo fuera de lo usual?

– No.

– ¿Te diste cuenta que estaba perfecta? Ninguna arruga tenía, estaba impecable, como nueva.

– ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Hay que jugar con ropa rota? Chuche tiene buena pilcha. Juega al fútbol con ropa cuidada y limpia, si nosotros somos unos crotos es otro tema. Vos tenes la media rota ahí ¿y por eso hay problema? Para nada. Chuche es un tipo prolijo, y lo lleva a todos los ámbitos – Nico empieza con pequeños saltos una improvisada y poco seria entrada en calor.

– Es que no terminás de entender lo que sucedió... Hoy estuvimos todos acá desde la mañana, cursamos y nos fuimos a morfar porque teníamos el primer horario de fútbol, ¿ok?.

– Si

– Llegamos de comer, y nos empezamos a preparar. Cada uno hace la suya, los que se descalzan para acomodarse las medias y ponerse los botines, los de la venda como vos, los que se ponen vincha o recogen el pelo, los botines atados de una manera en particular por cábala.

– Por supuesto

– A veces hay justificación para todas las rutinas. Yo por ejemplo juego con las medias largas de algodón hasta la rodilla sin canilleras, pero como me sobra de arriba las doblo sobre sí mismas en la punta, al borde de la rodilla. Son medias de algodón comunes, no son de futbol, entonces cuando corrés se caen porque no son elastizadas, y eso me rompe las bolas porque no quiero agacharme mil veces durante el partido para acomodarme las medias, por eso le meto esta banda elástica gruesa en el doblez para que las sostenga. Probé con las finitas pero me lastiman, me hacen mierda, éstas gruesas son geniales, me las dio mi vieja una vez, no se caen ni en pedo. Que cada uno haga lo que crea necesario para jugar cómodo.

– Te entiendo, yo me vendo así, haciendo un ocho en el tobillo. Desde que me torcí mal la otra vez me recomendaron vendarme asi, y la verdad que me da confianza y siento el tobillo más firme, no sé si es verdad pero para el bocho funciona.

– Por eso, todos tienen lo suyo. Pero Chuche se fue al carajo esta vez.

– ¿Qué paso? – ambos aplauden la barrida con quite que sucedió en la contra delante de ellos.

– Estábamos preparándonos, cuando saca la camiseta de la mochila. Mejor dicho, empieza a revisar la camiseta dentro la mochila, y dice “uh, no, que cagada”. Le pregunté si se la había olvidado, y me responde “no, está acá, pero está toda arrugada, no puedo jugar así”.

– ¿Y eso qué quiere decir?

– Lo que oíste... quiere decir que no puede jugar con una camiseta arrugada, no tiene otro significado.

– ¿Por qué no puede?

– ¡¿Y yo que mierda sé?! Ahí fue cuando me contuve, porque primero me sonreí creyendo que era una joda. Pero enseguida cerró la mochila, levantó la cabeza y enfiló para la puerta. Nos dijo “me voy a casa y vuelvo. Arranquen sin mí”.

– ¿En serio?

– Posta. Ahí me di cuenta que hablaba en serio. Ni siquiera me mostró la camiseta, dijo que le daba vergüenza.

– ¿Vergüenza? ¿Y qué hicieron? No entiendo nada...

– Quise convencerlo de que era una boludez, que nadie se fija en eso, y que no iba a llegar porque ya empezaba. Me dijo que no le importaba, que hacía rápido. Obvio que no llegó.

– Llegó para el segundo tiempo.

– Sí, yo estaba recaliente, me hizo pensar durante todo el puto primer tiempo en que este tipo se fue a la casa a planchar la camiseta porque no puede jugar con una camiseta arrugada. No lo quería dejar entrar. Aparte pretendía jugar todo el segundo tiempo, ya que no había jugado nada del primero.

– Y no, no jugó.

– O sea, el tipo a 5 minutos de jugar un partido de campeonato, se tomó un bondi (o taxi, qué se yo...) hacia la casa para planchar la camiseta y volver. Vos en mi lugar, ¿qué hacés?

– Me parece que eso de que si perdemos somos amigos tiene un límite.

– Y... sí.

Ambos siguieron viendo lo que restaba del primer tiempo en silencio.

Por , .

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"Todo tiene un límite" por Nicolás Flores se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional, en ContraATAQUE.

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